¿Es cierto que no se necesita ser virgen ni casto para ser sacerdote?

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¿Es cierto que no se necesita ser virgen ni casto para ser sacerdote?

Frank pregunta:Hace poco me dijeron que la castidad y la virginidad no son necesarias para ser sacerdote. Si esto es verdad, ¿me puede explicar por qué? ¿No se supone que uno tiene que ser puro para poder ser sacerdote y que los sacerdotes no se casan?

Muy querido Frank,

Aquí hay que distinguir bien entre tres palabras: castidad, celibato y virginidad. Cada una quiere decir una cosa diferente, aunque fácilmente se confunden. La castidad es el uso correcto de nuestra sexualidad. Tiene una dimensión interna (pensamientos, miradas, deseos, etc.) y una dimensión externa (acciones). La castidad es una virtud a la que todos los hombres estamos llamados, y el modo particular de vivirla depende de la vocación de cada uno. Por ejemplo, para un hombre casado, la castidad se traduce en fidelidad a su esposa, en la donación mutua, total e incondicional, en el respeto a la otra persona y la apertura a la vida, entre otras cosas. El celibato es un modo de vivir la castidad que es propio de los que aún no se han casado y de los que han tomado un compromiso de por vida (como los sacerdotes, religiosos y almas consagradas) y consiste, entre otras cosas, en la abstinencia. La virginidad, finalmente, es el estado de una persona que no ha tenido relaciones sexuales.

Si una persona peca contra la castidad, puede recobrar la virtud acudiendo al sacramento de la confesión y dejando atrás su falta.  Muchas de las faltas contra la castidad son internas, y por ello, una persona puede tener sus luchas e incluso sus caídas sin perder su virginidad, que es un estado físico que no puede recobrarse una vez que se pierde.

Quizás hayas oído hablar de la segunda virginidad que es un pensamiento espiritual que puede ayudar a quien ha cometido un fallo en este campo. Con este concepto se nos recuerda que, cuando confesamos nuestros pecados sinceramente, recibimos la absolución y hacemos un propósito firme de no volver a pecar, Dios ya no mira nuestra falta y nosotros tampoco deberíamos hacerlo más si no es para aprender una lección de prudencia y humildad y maravillarnos de la misericordia de Dios.

Para ser sacerdote tienes que ser casto externa e internamente y consagrar tu vida a Dios en el celibato. Espero que esto te ayude.

Cuenta con mis oraciones.