El dolor de los hijos

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Anoche,
en la sala de urgencias de un hospital - mientras esperaba que le
hicieran una curación a un amigo - vi mucha gente sufriendo, sobre todo
a mujeres llorando por sus hijos, padres desesperados, impotentes ante
el llanto de su hijo, quizá un bebé accidentado o enfermo,
retorciéndose y gritando de dolor. Fue una experiencia sobrecogedora.

Pensé mucho en esa angustia que siente un padre o una madre al no
poder hacer nada para remediar el dolor de sus hijos y sentí que no hay
mayor pesar para los papás que ver sufrir a sus pequeños.

Pero... ¿Podemos evitarles que sufran? Por desgracia, la mayor parte de las veces, no.

¿Acaso el dolor no nos llega a todos tarde o temprano? Lo más
seguro es que sí, entonces, los padres necesitan preparar anímicamente
a sus hijos desde chicos, inculcándoles las siguientes ideas:

* Lo mejor del gran don de la vida, no es la ausencia de
sufrimiento sino la convicción de que las ganas de vivir deberán ser
siempre superiores a los problemas.

* Se debe colocar al dolor en su debido y secundario sitio.

* Nunca estarán solos a la hora de sufrir, pues quienes los aman
permanecerán cerca de ellos brindándoles, sobre todo, apoyo moral.

* Siempre habrá más motivos de gozo que de amargura.

Contagiarles ganas de vivir

En una muy buena película, "Dying Young", que en español se titula
"Todo por amor", el protagonista, enfermo por 18 años de leucemia,
pierde todo deseo de vivir y tan sólo quiere cumplir su sueño de pasar
feliz sus últimos días junto a una mujer.

Este muchacho abandona su tratamiento y se va a una casa a la
orilla del mar para vivir este último sueño. Poco a poco, el amor de
esa mujer -a la que él inicialmente contrató como enfermera- lo hace
recobrar sus deseos de vivir, el valor para afrontar los severos
tratamientos y buscar restablecerse.

Esta historia nos muestra cómo fue el amor lo que poco a poco
transformó el corazón de este hombre, lo que cambió el deseo de
abandonar la lucha para suicidarse lentamente, en anhelos de vivir
aunque hubiera que afrontar muchos sufrimientos.

En nuestra propia historia también la esencia de la vida es el
amor, sólo éste logrará infundir en nuestros hijos (mientras lo renueva
en nosotros) el anhelo y el entusiasmo por vivir, y ponerlo por encima
de cualquier sufrimiento por severo que éste sea.

Para hacerlos comprender esta realidad, es necesario vivirla
primero. Por lo general, sabemos que un niño es hijo de determinada
persona, no tanto por su parecido físico, sino por su personalidad y su
conducta.

Nuestros hijos aprenden de nosotros sobre todo cómo comportarse y
con qué actitud afrontar las situaciones de la vida. De nosotros
aprenden a vivir. Está en nuestras manos contagiarlos de amor a la
vida, de anhelos de aprovechar al máximo cada segundo de su existencia.

¡Qué triste es ver jóvenes cabizbajos, sin entusiasmo, sin
ilusión!... No es posible que los problemas o sufrimientos mengüen lo
más maravilloso de la juventud: sus ganas de vivir.

Enseñarles que el dolor es secundario

La vida está por encima del dolor, porque el dolor no puede ocupar
el lugar principal. El dolor es secundario, es sólo un medio para
llegar a otras circunstancias, aunque en momentos parezca que la vida
no es más que puro sufrimiento.

Conocí a una niña con un cáncer muy avanzado. Sufría muchísimo,
pero ella trataba de abstenerse de llorar delante de las personas que
le visitaban en el hospital, sobre todo delante de su mamá, "para que
ella no llore y sepa que, aunque me duele, no estoy triste."

Mi amiguita estaba muy por encima de su dolor, para ella el amor a
su madre y a los demás era mucho más importante. Llegó a ganarse la
admiración de toda la clínica, del equipo de médicos que la atendía y
de cuantos la conocimos. Y es que cuando se aprende a colocar el dolor
en su verdadero sitio, no hay dificultad ni sufrimiento que pueda
empañar la alegría de vivir.

No permitamos que nuestros hijos escuchen sólamente quejas por los
problemas que tenemos, o palabras de dolor cuando ocurre alguna
desgracia. Debemos hablarles con palabras de esperanza y de alegría. Es
bueno y necesario que sepan que la vida no es fácil, pero que no por
eso deja de ser hermosa y una aventura que vale la pena.

Autor: 

Víctor Huerta

Fuente: 

Church Forum www.churchforum.org