Catecismo de la Iglesia católica. El octavo mandamiento

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TERCERA PARTE
LA VIDA EN CRISTO

SEGUNDA SECCIÓN
LOS DIEZ MANDAMIENTOS

CAPÍTULO SEGUNDO
«AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO TI MISMO»

ARTÍCULO 8
EL OCTAVO MANDAMIENTO

No darás testimonio falso contra tu prójimo (Ex 20, 16).

Se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás
al Señor tus juramentos (Mt 5, 33).

 

2464 El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad en
las relaciones con el prójimo. Este precepto moral deriva de la vocación del
pueblo santo a ser testigo de su Dios, que es y que quiere la verdad. Las
ofensas a la verdad expresan, mediante palabras o acciones, un rechazo a
comprometerse con la rectitud moral: son infidelidades básicas frente a Dios y,
en este sentido, socavan las bases de la Alianza.

I Vivir en la verdad

2465 El Antiguo Testamento lo proclama: Dios es fuente
de toda verdad
. Su Palabra es verdad (cf
Pr 8, 7; 2 S 7, 28)
. Su ley es verdad (cf Sal 119, 142). ‘Tu
verdad, de edad en edad’ (Sal 119, 90; Lc 1, 50). Puesto que Dios es el ‘Veraz’
(Rm 3, 4), los miembros de su pueblo son llamados a vivir en la verdad (cf Sal
119, 30).

2466 En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en
plenitud. ‘Lleno de gracia y de verdad’ (Jn 1, 14), él es la ‘luz del
mundo’ (Jn 8, 12), la Verdad (cf Jn 14, 6). El que cree en él, no
permanece en las tinieblas (cf Jn 12, 46). El discípulo de Jesús, ‘permanece
en su palabra’, para conocer ‘la verdad que hace libre’ (cf Jn 8, 31-32) y
que santifica (cf Jn 17, 17). Seguir a Jesús es vivir del ‘Espíritu de
verdad’ (Jn 14, 17) que el Padre envía en su nombre (cf Jn 14, 26) y que
conduce ‘a la verdad completa’ (Jn 16, 13). Jesús enseña a sus discípulos
el amor incondicional de la verdad: ‘Sea vuestro lenguaje: «sí, sí»; «no,
no»’ (Mt 5, 37).

2467 El hombre busca naturalmente la verdad. Está
obligado a honrarla y atestiguarla: ‘Todos los hombres, conforme a su
dignidad, por ser personas..., se ven impulsados, por su misma naturaleza, a
buscar la verdad y, además, tienen la obligación moral de hacerlo, sobre todo
con respecto a la verdad religiosa. Están obligados también a adherirse a la
verdad una vez que la han conocido y a ordenar toda su vida según sus
exigencias’ (DH 2).

2468 La verdad como rectitud de la acción y de la
palabra humana, tiene por nombre veracidad, sinceridad o franqueza. La
verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse veraz en los propios
actos y en decir verdad en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación
y la hipocresía.

2469 ‘Los hombres no podrían vivir juntos si no
tuvieran confzarse
de dar testimonio del Señor’ (2 Tm 1, 8). En las situaciones que exigen dar
testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad, a ejemplo de
san Pablo ante sus jueces. Debe guardar una ‘conciencia limpia ante Dios y
ante los hombres’ (Hch 24, 16).

2472 El deber de los cristianos de tomar parte en la vida
de la Iglesia, los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las
obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en
palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a
conocer la verdad (cf Mt 18, 16):

Todos los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están
obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra
al hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu
Santo que les ha fortalecido con la confirmación (AG 11).

2473 El martirio es el supremo testimonio de la
verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da
testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad.
Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la
muerte mediante un acto de fortaleza. ‘Dejadme ser pasto de las fieras. Por
ellas me será dado llegar a Dios’ (S. Ignacio de Antioquía, Rom 4, 1).

2474 Con el más exquisito cuidado, la Iglesia ha
recogido los recuerdos de quienes llegaron hasta el extremo para dar testimonio
de su fe. Son las actas de los Mártires, que constituyen los archivos de la
Verdad escritos con letras de sangre:

No me servirá nada de los atractivos del mundo ni de los
reinos de este siglo. Es mejor para mí morir (para unirme) a Cristo Jesús
que reinar hasta los confines de la tierra. Es a El a quien busco, a quien
murió por nosotros. A El quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento
se acerca... [S. Ignacio de Antioquía, Rom. 6, 1-2).

Te bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora,
digno de ser contado en el número de tus mártires... Has cumplido tu
promesa, Dios de la fidelidad y de la verdad. Por esta gracia y por todo te
alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo Sacerdote,
Jesucristo, tu Hijo amado. Por El, que está contigo y con el Espíritu, te
sea dada gloria ahora y en los siglos venideros. Amén. (S. Policarpo, mart.
14, 2-3).

 

III Las ofensas a la
verdad

2475 Los discípulos de Cristo se han ‘revestido del
Hombre Nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad’ (Ef 4,
24). ‘Desechando la mentira’ (Ef 4, 25), deben ‘rechazar toda malicia y
todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias’ (1 Pe 2, 1).

2476 Falso testimonio y perjurio. Una afirmación
contraria a la verdad posee una gravedad particular cuando se hace
públicamente. Ante un tribunal viene a ser un falso testimonio (cf Pr 19, 9). Cuando
es pronunciada bajo juramento se trata de perjurio. Estas maneras de obrar
contribuyen a condenar a un inocente, a disculpar a un culpable o a aumentar la
sanción en que ha incurrido el acusado (cf Pr 18, 5); comprometen gravemente el
ejercicio de la justicia y la equidad de la sentencia pronunciada por los
jueces.

2477 El respeto de la reputación de las personas
prohíbe toda actitud y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto
(cf CIC can. 220). Se hace culpable:

de juicio temerario el que,
incluso tácitamente, admite como verdadero, sin tener para ello fundamento
suficiente, un defecto moral en el prójimo;

de maledicencia el que, sin
razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a
personas que los ignoran;

de calumnia el que, mediante
palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a
juicios falsos respecto a ellos.

2478 Para evitar el juicio temerario, cada uno debe
interpretar, en cuanto sea posible, en un sentido favorable los pensamientos,
palabras y acciones de su prójimo:

Todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la
proposición del prójimo, que a condenarla; y si no la puede salvar,
inquirirá cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si
no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola,
se salve (S. Ignacio de Loyola, ex. spir. 22).

 

2479 La maledicencia y la calumnia destruyen la reputación
y el honor del prójimo. Ahora bien, el honor es el testimonio social
dado a la dignidad humana y cada uno posee un derecho natural al honor de su
nombre, a su reputación y a su respeto. Así, la maledicencia y la calumnia
lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad.

2480 Debe proscribirse toda palabra o actitud que, por halago,
adulación o complacencia
, alienta y confirma a otro en la malicia de sus
actos y en la perversidad de su conducta. La adulación es una falta grave si se
hace cómplice de vicios o pecados graves. El deseo de prestar un servicio o la
amistad no justifica una doblez del lenguaje. La adulación es un pecado venial
cuando sólo desea hacerse grato, evitar un mal, remediar una necesidad u
obtener ventajas legítimas.

2481 “La vanagloria o jactancia
constituye una falta contra la verdad. Lo mismo sucede con la ironía que trata
de ridiculizar a uno caricaturizando de manera malévola tal o cual aspecto de
su comportamiento.

2482 ‘La mentira consiste en decir falsedad con
intención de engañar’ (S. Agustín, mend. 4, 5). El Señor denuncia en la
mentira una obra diabólica: ‘Vuestro padre es el diablo... porque no hay
verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es
mentiroso y padre de la mentira’ (Jn 8, 44).

2483 La mentira es la ofensa más directa contra la
verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a error al que
tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación del hombre con la verdad
y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su
palabra con el Señor.

2484 La gravedad de la mentira se mide según la
naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones
del que la comete, y los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Si
la mentira en sí sólo constituye un pecado venial, sin embargo llega a ser
mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad.

2485. La mentira es condenable por su misma naturaleza.
Es una profanación de la palabra cuyo objeto es comunicar a otros la verdad
conocida. La intención deliberada de inducir al prójimo a error medsale de dentro, porque es
mentiroso y padre de la mentira’ (Jn 8, 44).

2483 La mentira es la ofensa más directa contra la
verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a error al que
tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación del hombre con la verdad
y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su
palabra con el Señor.

2484 La gravedad de la mentira se mide según la
naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones
del que la comete, y los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Si
la mentira en sí sólo constituye un pecado venial, sin embargo llega a ser
mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad.

2485. La mentira es condenable por su misma naturaleza.
Es una profanación de la palabra cuyo objeto es comunicar a otros la verdad
conocida. La intención deliberada de inducir al prójimo a error mediante
palabras contrarias a la verdad constituye una falta contra la justicia y la
caridad. La culpabilidad es mayor cuando la intención de engañar corre el
riesgo de tener consecuencias funestas para los que son desviados de la verdad.

2486 La mentira, por ser una violación de la virtud de
la veracidad, es una verdadera violencia hecha a los demás. Atenta contra ellos
en su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda
decisión. Contiene en germen la división de los espíritus y todos los males
que ésta suscita. La mentira es funesta para toda sociedad: socava la confianza
entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales.

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad
entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado.
Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en
secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado
directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la
caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas
contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material,
debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia

IV El respeto de la
verdad

2488 El derecho a la comunicación de la verdad no
es incondicional. Todos deben conformar su vida al precepto evangélico del amor
fraterno. Este exige, en las situaciones concretas, estimar si conviene o no
revelar la verdad a quien la pide.

2489 La caridad y el respeto de la verdad deben dictar la
respuesta a toda petición de información o de comunicación. El bien y
la seguridad del prójimo, el respeto de la vida privada, el bien común, son
razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un
lenguaje discreto. El deber de evitar el escándalo obliga con frecuencia a una
estricta discreción. Nadie está obligado a revelar una verdad a quien no tiene
derecho a conocerla (cf Si 27, 16; Pr 25, 9-10).

2490 El secreto del sacramento de la Reconciliación
es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto. ‘El sigilo
sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al
confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por
ningún motivo’ (CIC can. 983, 1),

2491 Los secretos profesionales -que obligan, por
ejemplo, a políticos, militares, médicos, juristas- o las confidencias hechas
bajo secreto deben ser guardados, salvo los casos excepcionales en los que el no
revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un
tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la
verdad. Las informaciones privadas perjudiciales al prójimo, aunque no hayan
sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón grave y
proporcionada.”

2492 Se debe guardar la justa reserva respecto a la vida
privada de la gente. Los responsables de la comunicación deben mantener un
justo equilibrio entre las exigencias del bien común y el respeto de los
derechos particulares. La ingerencia de la información en la vida privada de
personas comprometidas en una actividad política o pública, es condenable en
la medida en que atenta contra su intimidad y libertad.

V El
uso de los medios de comunicación social

2493 Dentro de la sociedad moderna, los medios de
comunicación social desempeñan un papel importante en la información, la
promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en importancia por
razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la diversidad de las
noticias transmitidas, y la influencia ejercida sobre la opinión pública.

2494 La información de estos medios es un servicio del
bien común (cf IM 11). La sociedad tiene derecho a una información fundada en
la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad:

El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su
contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la
justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y
conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los
derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la
noticia como en su divulgación. (IM 11).

 

2495 ‘Es necesario que todos los miembros de la
sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia también en este campo, y,
así, con ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta
opinión pública’ (IM 8). La solidaridad aparece como una consecuencia de una
información verdadera y justa, y de la libre circulación de las ideas, que
favorecen el conocimiento y el respeto del prójimo.

2496 Los medios de comunicación social (en particular,
los mass-media) pueden engendrar cierta pasividad en los usuarios, haciendo de
éstos, consumidores poco vigilantes de mensajes o de espectáculos. Los
usuarios deben imponerse moderación y disciplina respecto a los mass-media. Han
de formarse una conciencia clara y recta para resistir más fácilmente las
influencias menos honestas.

2497 Por razón de su profesión en la prensa, sus
responsables tienen la obligación, en la difusión de la información, de
servir a la verdad y de no ofender a la caridad. Han de esforzarse por respetar
con una delicadeza igual, la naturaleza de los hechos y los límites el juicio
crítico respecto a las personas. Deben evitar ceder a la difamación.

2498 ‘La autoridad civil tiene en esta materia
deberes peculiares en razón del bien común, al que se ordenan estos medios.
Corresponde, pues, a dicha autoridad... defender y asegurar la verdadera y justa
libertad’ (IM 12). Promulgando leyes y velando por su aplicación, los poderes
públicos se asegurarán de que el mal uso de los medios no llegue a causar ‘graves
peligros para las costumbres públicas y el progreso de la sociedad’ (IM 12).
Deberán sancionar la violación de los derechos de cada uno a la reputación y
al secreto de la vida privada. Tienen obligación de dar a tiempo y honestamente
las informaciones que se refieren al bien general y responden a las inquietudes
fundadas de la población. Nada puede justificar el recurso a falsas
informaciones para manipular la opinión pública mediante los mass-media. Estas
intervenciones no deberán atentar contra la libertad de los individuos y de los
grupos.

2499 La moral denuncia la llaga de los estados
totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad, ejercen mediante los
mass-media un dominio político de la opinión, manipulan a los acusados y a los
testigos en los procesos públicos y tratan de asegurar su tiranía yugulando y
reprimiendo todo lo que consideran ‘delitos de opinión’.

VI Verdad, belleza
y arte sacro

2500 La práctica del bien va acompañada de un placer
espiritual gratuito y de belleza moral. De igual modo, la verdad entraña el
gozo y el esplendor de la belleza espiritual. La verdad es bella por sí misma.
La verdad de la palabra, expresión racional del conocimiento de la realidad
creada e increada, es necesaria al hombre dotado de inteligencia, pero la verdad
puede también encontrar otras formas de expresión humana, complementarias,
sobre todo cuando se trata de evocar lo que ella entraña de indecible, las
profundidades del corazón humano, las elevaciones del alma, el Misterio de
Dios. Antes de revelarse al hombre en palabras de verdad, Dios se revela a él,
mediante el lenguaje universal de la Creación, obra de su Palabra, de su
Sabiduría: el orden y la armonía del cosmos, que percibe tanto el niño como
el hombre de ciencia, ‘pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se
llega, por analogía, a contemplar a su Autor’ (Sb 13, 5), ‘pues fue el
Autor mismo de la belleza quien las creó’ (Sb 13, 3).

La sabiduría es un hálito del poder de Dios, una emanación
pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a
alcanzarla. Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la
actividad de Dios, una imagen de su bondad (Sb 7, 25-26). La sabiduría es en
efecto más bella que el Sol, supera a todas las constelaciones; comparada con
la luz, sale vencedora, porque a la luz sucede la noche, pero contra la
sabiduría no prevalece la maldad (Sb 7, 29-30). Yo me aconstituí en el
amante de su belleza (Sb 8, 2).

 

2501 El hombre, ‘creado a imagen de Dios’ (Gn 1, 26),
expresa también la verdad de su relación con Dios Creador mediante la belleza
de sus obras artísticas. El arte, en efecto, es una forma de expresión
propiamente humana; por encima de la satisfacción de las necesidades vitales,
común a todas las criaturas vivas, el arte es una sobreabundancia gratuita de
la riqueza interior del ser humano. Este brota de un talento concedido por el
Creador y del esfuerzo del hombre, y es un género de sabiduría práctica, que
une conocimiento y habilidad (cf Sb 7, 16-17) para dar forma a la verdad de una
realidad en lenguaje accesible a la vista y al oído. El arte entraña así
cierta semejanza con la actividad de Dios en la creación, en la medida en que
se inspira en la verdad y el amor de los seres. Como cualquier otra actividad
humana, el arte no tiene en sí mismo su fin absoluto, sino que está ordenado y
se ennoblece por el fin último del hombre (cf Pío XII, discurso 25 diciembre
1955 y discurso 3 septiembre 1950).

2502 El arte sacro es verdadero y bello cuando
corresponde por su forma a su vocación propia: evocar y glorificar, en la fe y
la adoración, el Misterio trascendente de Dios, Belleza sobreeminente e
invisible de Verdad y de Amor, manifestado en Cristo, ‘Resplandor de su gloria
e Impronta de su esencia’ (Hb 1, 3), en quien ‘reside toda la Plenitud de la
Divinidad corporalmente’ (Col 2, 9), belleza espiritual reflejada en la
Santísima Virgen Madre de Dios, en los Angeles y los Santos. El arte sacro
verdadero lleva al hombre a la adoración, a la oración y al amor de Dios
Creador y Salvador, Santo y Santificador.

2503 Por eso los obispos deben personalmente o por
delegación vigilar y promover el arte sacro antiguo y nuevo en todas sus
formas, y apartar con la misma atención religiosa de la liturgia y de los
edificios de culto todo lo que no está de acuerdo con la verdad de la fe y la
auténtica belleza del arte sacro (cf SC 122-127).

Resumen

2504 ‘No darás falso testimonio contra tu prójimo’
(Ex 20, 16). Los discípulos de Cristo se han ‘revestido del Hombre Nuevo,
creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad’ (Ef 4, 24).

2505 La verdad o veracidad es la virtud que consiste
en mostrarse verdadero en sus actos y en sus palabras, evitando la duplicidad,
la simulación y la hipocresía.

2506 El cristiano no debe ‘avergonzarse de dar
testimonio del Señor’ (2 Tm 1, 8) en obras y palabras. El martirio es el
supremo testimonio de la verdad de la fe.

2507 El respeto de la reputación y del honor de las
personas prohíbe toda actitud y toda palabra de maledicencia o de calumnia.

2508 La mentira consiste en decir algo falso con
intención de engañar al prójimo que tiene derecho a la verdad.

2509 Una falta cometida contra la verdad exige
reparación.

2510 La regla de oro ayuda a discernir en las
situaciones concretas si conviene o no revelar la verdad a quien la pide.

2511 ‘El sigilo sacramental es inviolable’ (CIC
can. 983, 1), Los secretos profesionales deben ser guardados. Las confidencias
perjudiciales a otros no deben ser divulgadas.

2512 La sociedad tiene derecho a una información
fundada en la verdad, la libertad, la justicia. Es preciso imponerse moderación
y disciplina en el uso de los medios de comunicación social.

2513 Las bellas artes, sobre todo el arte sacro, ‘están
relacionadas, por su naturaleza, con la infinita belleza divina, que se intenta
expresar, de algún modo, en las obras humanas. Y tanto más se consagran a Dios
y contribuyen a su alabanza y a su gloria, cuanto más lejos están de todo
propósito que no sea colaborar lo más posible con sus obras a dirigir las
almas de los hombres piadosamente hacia Dios’ (SC 122)
.

Autor: 

Episcopado de la Iglesia Católica

Fuente: 

www.vatican.va